Milei y el sable corvo de la historia

Milei y el sable corvo de la historia

La espada de San Martín, el liberalismo y las tensiones irresueltas que impiden la unión nacional

por NATALIA VOLOSIN6 de febrero de 2026

My precious

Parece que Milei se despertó un día con ganas de hacer cosplay disfrazado de granadero, pidió blandir el sable corvo del General José de San Martín que se exhibe en el Museo Histórico Nacional de Parque Lezama, le dijeron que no y echó al director de la institución. Eso habría ocurrido el año pasado. Ahora directamente decretó el traslado de la espada al Regimiento de Granaderos a Caballo de la Avenida Luis M. Campos, perteneciente al Ejército Argentino. La idea era exponer el sable en los festejos por el aniversario del Combate de San Lorenzo del 3 de febrero (coincidente con la Batalla de Caseros, guiño guiño).

Finalmente, el circo se hará mañana sábado en una recreación de San Lorenzo en las barrancas del Río Paraná junto al convento de San Carlos, donde en apenas quince minutos San Martín emboscó y venció a los realistas en una gesta clave para el proceso independentista. La nueva directora del Museo renunció en un inusual acto de dignidad y ahora hay un re quilombo porque los herederos de Rosas (a su vez legatario del sable por decisión del mismísimo Libertador de América) metieron una cautelar para frenar el traslado. La cosa sana, o sea, digamos, parafraseando al Presidente de la Nación. Todo respetuoso. Todo solemne. Todo muy patriótico y coso, como se hiciera con las manos de Perón y el cuerpo de Esa Mujer.

Nos los representantes

Pero por supuesto que acá el asunto no es el cosplay de Milei. Andá a saber qué de cierto hay en todo eso. Ni quiero saber, mirá lo que te digo. No me interesa. El punto es otro. El punto es qué hay detrás de tan repentina e inconsulta decisión.

Qué narrativas, qué revisionismo (del revisionismo, si se quiere), qué construcción antojadiza no ya de la figura de San Martín (o de la de Rosas) sino de la historia constitucional argentina y de las grandes ideas del liberalismo que la hicieron posible (por caso, de Alberdi) procuran imponer a fuerza de decreto y de relatos periodísticos fabricados en despachos oficiales (como con la neo-morenización del INDEC o la Oficina de Respuesta Oficial) el Presidente de la Nación, su hermana tarotista y muy posiblemente Santiago Caputo, siempre ávido de fábulas y leyendas sobre las que montar al desvaído títere que magníficamente logró transformar en Presidente de este país.

El sable corvo de San Martín es un arma sencilla de origen persa. No tiene ornamentos ni valor en sí mismo. Tampoco tiene poderes como el anillo de Voldemort. Pero los símbolos tienen ese no sé qué. No por nada las hinchadas rivales se roban las banderas. No por nada Sarmiento trató a San Martín de viejo gagá por su amistad con Rosas dos años después de que le dejara la espada por testamento. No por nada Manuelita y su esposo Máximo Terrero (legal heredero del sable) decidieron donarlo pasados 20 años de su muerte, cuando sintieron que por fin "tatita" sería reconocido -ingenuos ellos- como era debido. ¿Un dictador? Sin dudas. ¿Un héroe nacional? También. No por nada la resistencia peronista se choreó el sable con la ambición de llevárselo a Perón en el exilio como estandarte contra la proscripción.

No por nada la dictadura de Onganía, al recuperarlo, lo extrajo de la órbita del Museo Histórico Nacional (en donde yacía desde hacía más de 60 años) para entregárselo al Ejército, excusa de los hurtos al margen. No por nada Cristina Kirchner, nacionalista y revisionista ella (antes de que Macri primero -y Milei después- se dispusieran a revisar el revisionismo aupados por el vanguardista "viva el cáncer" del fernandoiglesismo y la historiografía línea Ajmechet-Kalipolis), puso el sable bajo custodia del Regimiento pero en el Museo Histórico, como había sido el deseo de sus legítimos propietarios.

Y no por nada, mis queridos amiguitos, un día Milei se despertó, se peinó la peluca y ordenó trasladar el sable nuevamente al Regimiento de Granaderos a Caballo, cuyo museo maneja una fundación que preside y financia Bettina Bulgheroni, amiga de su hermana tarotista y esposa del magnate petrolero cuyo imperio creció exponencialmente al calor, justamente, de la dictadura de Onganía aunque hayan sabido hacer negocios con todos los gobiernos de facto y de iure incluyendo, muy especialmente, los kirchneristas.

Más rosista que Rosas

Yo no sé, honestamente, si de la carta de Manuelita Rosas a Adofo Carranza, fundador y primer director del Museo, se desprende o no una donación con cargo y que tal cargo fuera que el sable corvo debía exponerse en el Museo Histórico Nacional y en ningún otro recinto. Tampoco me queda clara la legitimación de Manuelita para efectuar tal donación, pues no era ella sino su esposo el propietario del arma conforme el testamento de Rosas. Veremos qué resuelve la Justicia, que ayer, por lo pronto, rechazó la medida cautelar.


Pero nada será, al cabo, definitivo. Un poco porque nunca lo es y otro poco porque en este país no hay ya ningún consenso histórico claro (¿lo hubo acaso alguna vez?). Quién sabe, tal vez de acá a unos años el sable corvo de San Martín termina exhibido en un teatro de la calle Corrientes bajo una marquesina llena de brishos (así, con "sh") evocando la gesta de Milei y Lilia Lemoine contra la casta de los niños pertenecientes al espectro autista. Y si estás pensando que Corrientes no es calle sino avenida, seguramente vas a estar aplaudiendo en primera fila.

"Con Rosas o contra Rosas" no habla ya, a esta altura de la soirée, de Rosas. Habla de este país en el que todos los gobiernos vienen a restaurar algo perdido. Néstor Kirchner fue más rosista que Rosas. Cristina fue más rosista que Rosas. Milei es más rosista que Rosas. El único que tenía buenas razones para serlo fue Alfonsín y, sin embargo, no lo fue. Hizo la transición que pudo y se le dejó hacer sin arriesgar el núcleo de aquello que venía a restaurar: la democracia. ¿Tal vez fue cagón? Tal vez. ¿Tal vez los militares, el peronismo, el sindicalismo, los medios concentrados y la patria contratista no lo dejaron tocar las corporaciones que habría que haber tocado? Tal vez. Who knows. Los Kirchner, en cambio, nunca dudaron de que tenían razones para revisar y restaurar. Algunas tenían (los juicios de lesa, por ejemplo). Muchas otras fueron apenas excusas para decorar el modelo.

Bueno, ahora le toca a Milei. Pero, a diferencia de los Kirchner o de Alfonsín, Milei tiene la suerte de gobernar la era más analfabeta de la historia argentina. No importa la verdad. No hay verdad. La verdad es lo que el que manda dice que es. Todo es prostituible. Por eso da risa, también, el Ministerio de la Verdad que le acaba de crear Santi Caputo a su patrón bajo el pomposo título de "Oficina de Respuesta Oficial de la República Argentina" copypasteado del "Rapid Response 47" del hombre naranja que gobierna los Estados Unidos de Norteamérica. ¿Para qué quiere esto Milei? ¿No alcanza con tener a tiro de pauta al 99.9% de los medios?

Este analfabetismo explica que en los considerandos del decreto de mudanza del sable corvo se hable de restituir "su contexto histórico propio". ¿Sabrán estos muchachos que San Martín le dejó el sable a Rosas? ¿Sabrá alguno por qué? ¿O acaso hemos olvidado la razón de su exilio? ¿O en las escuelas siguen contando que San Martín se fue a Europa entristecido por la muerte de Remedios de Escalada para no hablar del inmoral de Rivadavia?

"Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas", dijo y me conquistó el Libertador de América. Nunca se lo perdonaron. Lo amenazaron. Lo amedrentaron. Lo calumniaron. En 1838, con motivo del bloqueo francés al puerto de Buenos Aires (acordado con los unitarios de Montevideo), San Martín, correctamente indignado, inició correspondencia con Rosas. "Lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su Patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española: una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer", le dice el héroe de la patria a "el tirano". Ja.

Y en 1844 le deja su sable por testamento. “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud le será entregado al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido, al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataron de humillarla”. Y eso que todavía no había Vuelta de Obligado.

Sarmiento no la puede creer. Lo visita en 1846 en Francia y le escribe a un amigo que San Martín está gagá: "va usted a buscar la opinión de los americanos mismos en Europa y por todas partes encuentra la misma incapacidad de juzgar. San Martín es el ariete desmontado ya que sirvió a la destrucción de los españoles; hombre de una pieza; anciano batido y ajado por las revoluciones americanas, ve en Rosas el defensor de la independencia amenazada y su ánimo noble se exalta y ofusca. San Martín era hombre viejo, con debilidades terrenales, con enfermedades de espíritu adquiridas en la vejez; habíamos vuelto a la época presente nombrando a Rosas y su sistema. Aquella inteligencia tan clara en otro tiempo, declina ahora; aquellos ojos tan penetrantes que de una mirada forjaban una pagina de la historia, estaban ahora turbios y allá en la lejana tierra veía fantasmas extranjeros, todas sus ideas se confundían, los españoles y las potencias extranjeras, la patria, aquella patria antigua, la estatua de piedra del antiguo héroe de la independencia, parecía enderezarse sobre el sarcófago para defender la América amenazada".

Se ve que eran varios héroes liberales los que estaban gagá, porque a Juan Bautista -nos ponemos de pie- Alberdi también le pintó la amistad con "el tirano" y, en plan "este viejo adversario despide a un amigo", dijo de él, apenas un año después de aquella infame carta de Sarmiento, que "si se pidiesen títulos de Rosas a la nacionalidad argentina, yo contribuiría con un sacrificio no pequeño al logro de su rescate" y que "el primer partido de América que haya repelido a los estados de Europa es el de Rosas". En 1857 lo visita en Londres como ministro de Urquiza, a quien Rosas le pide que agradezca por su conducta recta y justa con él. A partir de ahí inician correspondencia y el padre del constitucionalismo argentino incluso le propone ser su abogado en el juicio en ausencia.

Dijo Alberdi de Rosas: "son los intereses y las personas que él contrarió o atacó las que lo persiguen, no su país. Como esas personas están a la cabeza del país, toman su nombre para vengarse, como en otro tiempo lo tomaban para quejarse y defenderse. El país es atacado, decían ellos, cuando eran ellos los atacados. Hoy dicen el país se venga y castiga, cuando son ellos los que castigan y se vengan". No mucho ha cambiado. Se habla de soberanía, de independencia, de libertad, pero no es del país que se habla, sino de aquello por lo que San Martín juró jamás blandir su sable.

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